miércoles, 1 de febrero de 2017

Migrañas pornográficas

El dolor de cabeza era tan intenso que no podía continuar. La intensidad crecía gradualmente, empezaba a los cinco minutos y alcanzaba su punto máximo a los diez. En ese momento tenía que detenerse porque no podía aguantar más. Y le venía ocurriendo desde hacía dos años... Por lo demás, era un joven de 24 años perfectamente sano que casi nunca tenía migrañas ni cefaleas tensionales, excepto cuando...

Pues sí, os lo habréis imaginado al leer el título. El desafortunado sujeto de este caso clínico, que trabajaba como profesional de software en la India, experimentaba dolores de cabeza terribles cuando se ponía a ver pornografía, como si fuera una víctima de un implacable castigo divino. “¡Hala, por cochino!”, le dirían su madre y su abuela.

Lo curioso del caso, publicado hace unos años en la revista ‘Archives of Sexual Behaviour’ (2012;41:1077) por médicos de un hospital de Nueva Delhi, es que el joven no tenía problema alguno cuando mantenía relaciones sexuales, ni siquiera cuando se masturbaba. Solo cuando veía porno.

jueves, 19 de enero de 2017

Repercusiones neurológicas del sudoku

Hoy vamos con un caso clínico singular que publicaron médicos de la Universidad de Munich hace algo más de un año (JAMA Neurology 2015;72(12):1524-1526). Resulta que un joven alemán de 25 años, estudiante de educación física, tuvo un accidente de esquí y quedó sepultado por una avalancha de nieve en noviembre de 2008 que lo dejó inconsciente y en situación de hipoxia –falta de oxígeno- durante alrededor de 15 minutos. Afortunadamente, uno de sus compañeros de esquí era un paramédico que lo rescató y le hizo la resucitación cardiopulmonar, tal como explica en la citada revista el doctor Berend Feddersen, primer firmante del artículo.

El joven sufrió, además, rotura del bazo y fractura de cadera, y como consecuencia de la falta de oxígeno, acabó experimentando espasmos musculares repentinos. Estos espasmos mioclónicos afectaban a los músculos de su cara cuando hablaba y a los de las piernas al caminar.

Cuando todavía estaba en el hospital comenzó a experimentar un tipo de convulsiones, llamadas convulsiones clónicas tónicas espontáneas en su brazo izquierdo –hay que puntualizar que el paciente era diestro-, de modo que los músculos se endurecían y se movían rítmicamente. Para controlar el problema, los médicos le recetaron medicación antiepiléptica.

jueves, 5 de enero de 2017

Ojos de jueces de línea en fuera de juego

El llamado Mundialito de Clubes estrenó en diciembre el videoarbitraje futbolístico como prueba piloto. Y lo hizo con polémica, puesto que alguna decisión tomada después de que el árbitro revisara en vídeo alguna jugada polémica no acabó de gustar, en especial al equipo perjudicado y a su afición. Lógico.

La prensa deportiva también ha sido muy crítica con el procedimiento, sobre todo porque supone un obstáculo a la fluidez del juego, y algunos clubes de los que entran en la categoría de “poderosos” también se han puesto pegas a la idea. ¿Por qué será? No quiero meterme en este lodazal, pero siempre he pensado que el uso de la tecnología audiovisual servirá para que los resultados de los partidos sean más justos y no dependan, como ocurre muchas veces, de los aciertos y de los errores arbitrales, ya sean con nocturnidad y alevosía o simplemente errores humanos. De hecho, la tecnología se utiliza sin problemas desde hace años en el fútbol americano y también se introdujo más tarde en el tenis y en el baloncesto.

En fin, toda esta controversia me ha recordado una investigación que se publicó hace bastantes años en ‘The Lancet’ sobre la incapacidad de los árbitros asistentes –antes llamados jueces de línea y popularmente linieres- para apreciar debidamente el fuera de juego (Lancet 1998;351:268).

jueves, 15 de diciembre de 2016

Sobre el pestilente aroma de la orina tras haber ingerido espárragos

Ya está colgado en la red de redes el número navideño del ‘British Medical Journal’. Como sabréis algunos asiduos a este blog, se trata de un número especial en el que cada año, en aras del buen humor, se publican unos cuantos artículos extravagantes y algunas investigaciones médicas estrafalarias, de las cuales iremos dando cuenta en próximas entregas.

Pero de momento, y dado que esta noche me voy de cena con unos colegas a un sitio donde sirven unos excelentes espárragos trigueros, voy a decantarme por un trabajo dedicado los factores hereditarios que determinan la capacidad de detectar olfativamente en la orina los metabolitos de los espárragos.

El artículo se titula “Sniffing out significant ‘Pee values’: genome wide association study of asparagus anosmia”, y juega con la similitud fonética de “P”, la letra que se utiliza (P-valor) para determinar si un resultado es estadísticamente significativo, y “pee”, que no es otra cosa que “pipí”. Por lo tanto, la traducción sería algo así como “Olfateando ‘valores pipí’ significativos: estudio de asociación de genoma completo de la anosmia del espárrago” (BMJ 2016;355:i6071).

viernes, 2 de diciembre de 2016

El irresistible aroma del sobaco de los comedores de ajos

Imagino que el título habrá chocado a más de uno. Y a más de una también. Pues que sepáis que es la conclusión prácticamente literal de un reciente estudio científico que viene a decir lo siguiente: “Muchachos, la fragancia de vuestras axilas aumentará vuestro sex appeal ante las mujeres si coméis ajo”. Otra cosa bien distinta será vuestro aliento, desde luego.

La investigadora Jitka Fialová, de la Facultad de Ciencias de la Universidad Carlos de Praga es la primera firmante del artículo titulado “El consumo de ajo afecta positivamente a la percepción hedónica del olor corporal axilar”. También son coautores Jan Havlíček, de la misma universidad, y S. Craig Roberts, de la Universidad de Stirling (Reino Unido). Su magnífico y perfumado estudio se publicó en la revista Appetite el pasado mes de febrero (2016;1;97:8-15).

Comienzan ensalzando las virtudes saludables del ajo, algo que se conoce desde tiempos inmemoriales, lo mismo que su más famoso efecto adverso, que no es otro que el peculiar olor del aliento que emanan sus consumidores. Relatan que a los egipcios que construían las pirámides les daban ajo para incrementar su vigor y que incluso se encontraron dientes de ajo en la tumba de Tutankhamon. Plinio el viejo lo prescribía para distintas enfermedades, Louis Pasteur reconoció sus propiedades antibacterianas y durante la segunda guerra mundial se usó como antiséptico para prevenir la gangrena. Como veis, sus beneficios saludables se han estudiado a fondo, y lo mismo puede decirse del fétido aliento que provoca su consumo, del que es bastante responsable una sustancia llamada alil metil sulfuro.