martes, 15 de agosto de 2017

Cuatro categorías de borrachos: Hemingway, Mary Poppins, Míster Hyde y el Profesor Chiflado

Es evidente que el abuso de alcohol afecta a nuestro estado mental, pero también sabemos bien que a cada cual le afecta de forma distinta. Tenemos ese amigo al que se le suelta la lengua y que cuando se mete dos copas de más no calla ni debajo del agua. Y ese otro que suele ser tranquilo cuando está sobrio y que es capaz de liarse a mamporros con el primero que le roce después de beberse cuatro pelotazos.

A pesar de que por internet circulan bastantes artículos titulados algo así como “Los 12 tipos de beodos que puedes encontrarte en una fiesta”, psicólogos estadounidenses de la Universidad de Missouri comprobaron que en realidad nadie había investigado el tema desde un punto de vista rigurosamente científico. Así que se pusieron manos a la obra y reclutaron a 374 universitarios y 187 amigos de lo primeros que solían acompañarlos cuando salían de copas. Entrevistaron a todos ellos y llegaron a la conclusión, tal como publicaron en ‘Addiction Research and Theory’ (2015; Vol. 24 , Iss. 1,2016), que los borrachos pueden clasificarse según su comportamiento en cuatro categorías. Lo más divertido es cómo denominan a estos cuatro tipos: el ‘Hemingway’, el ‘Mary Poppins’, el ‘Míster Hyde’ y el ‘Profesor Chiflado’.

viernes, 11 de agosto de 2017

La verdadera historia del escroto del violonchelista

A principios de 2009 los lectores del British Medical Journal fueron testigos de una impactante confesión de culpabilidad. Un tal John M. Murphy reconocía públicamente haberse inventado un insólito caso clínico que los editores de la revista británica publicaron en forma de carta 35 años atrás.

La historia, relatada en Annals of Improbable Research, arrancó en 1974, cuando se publicó en aquella revista (BJM 1974;2:226) una carta en la que un tal P. Curtis informaba de tres casos de mastitis detectada en niñas de 8 a 10 años de edad que estaban aprendiendo a tocar la guitarra clásica. Debido a la postura adoptada para tocar, el borde de la caja del instrumento tocaba y rozaba la zona inferior del pezón de las alumnas musicales produciendo la lesión.

A John J. Murphy le hizo gracia aquello del “pezón de la guitarrista” y respondió, con una intención ciertamente gamberra, con una misiva (BMJ 1974;2:335) en la que hacía referencia, por primera vez en la historia, a una nueva enfermedad: “el escroto del violonchelista”. Describía el caso de un músico que pasaba varias horas al día tocando el chelo en ensayos y conciertos, y que presentaba irritación en su escroto debido al constante roce con el cuerpo del instrumento.

jueves, 6 de julio de 2017

El sexo diario favorece el rendimiento en el trabajo

La frase favorita del recepcionista que teníamos hace años en la oficina era “al trabajo hay que venir bien ‘follaos’” –o ‘folladas’-. Era una expresión dirigida a todo aquel –o aquella- que parecía estar agobiado o de mal humor.

Esto viene a cuento de un estudio publicado este año que no hace más que dar la razón a aquel antiguo compañero de faenas. La conclusión de esa investigación es la siguiente: practicar sexo cada día en casa hace que uno –o una- sea más productivo y comprometido con su trabajo, y a la larga incluso puede facilitar un ascenso. Y esto no tiene que ver con tirarse al jefe –o a la jefa-, sino al hecho de trabajar bien.

El primer firmante de este estimulante estudio es Keith Leavitt, profesor de la Escuela de Negocios de la Oregon State University (Estados Unidos), y su artículo está publicado en el ‘Journal of Management’ (March 1, 2017 DOI: https://doi.org/10.1177/0149206317698022).

lunes, 12 de junio de 2017

Un estudio en ‘Science’ aseguraba que nos gusta pagar impuestos

Dentro de pocas semana finaliza la campaña de la renta de este año, lo cual me recuerda un artículo que escribí hace unos años sobre un estudio publicado en ‘Science (Science 2007;316:1622-1625) en el que se nos aseguraba que encontramos cierto placer en eso de pagar impuestos. Y no era ninguna ironía. Los autores lo decían en serio.

De hecho, ellos mismos, un psicólogo cognitivo y dos economistas de la Universidad de Oregon, se quedaron estupefactos al comprobar los resultados. Explicaban que emplearon resonancia magnética funcional, prueba de imagen que permite observar qué áreas del cerebro se activan en respuesta a determinados estímulos, en un grupo de 19 mujeres. A cada una se le entregaron 100 dólares y, al mismo tiempo que se examinaba su cerebro, se les instó, como impuesto obligatorio, a destinar una parte de ese dinero a bancos de comida.

En el momento en que veían en la pantalla del ordenador cómo su dinero se evaporaba, los investigadores observaron cómo dos regiones primitivas y profundas del cerebro, llamadas caudate nucleus y nucleus accumbens, se activaban de forma significativa. Se trata de áreas de nuestra mente que, según anteriores estudios, se activan cuando el hambre, la sed y algunos placeres resultan saciados.

miércoles, 31 de mayo de 2017

Mi tesorooooo... Una psiquiatra diagnosticando a Gollum

De vez en cuando no es raro encontrar en la literatura médica trabajos dedicados a analizar el estado de salud de personajes históricos reales e incluso de ficción. Se ha investigado, por ejemplo, el caso de Tintín y su hipogonadismo hipogonadotropo derivado de múltiples traumatismos craneales (CMAJ 2004;171:1433-1434). También comenté en este blog las investigaciones sobre el estado mental del osito Whinnie Pooh y sus amigos (CMAJ 2000 163:1557-1559) y también hay quien se ha dedicado a profundizar en el trastorno de personalidad antisocial de Sansón (Arch Gen Psychiatry 2001;58:202-203).

Hoy vamos con otro famoso personaje de ficción: Gollum. Fue el paciente acomodado en el "diván imaginario" de la psiquiatra Elizabeth L. Sampson, quien con un grupo de estudiantes firmó el análisis exhaustivo del personaje en el British Medical Journal (BMJ 2004;329:1435-1436) hace algo más de una década.

En apenas dos páginas, la Dra. Sampson hizo un repaso de la biografía de este patético personaje de ‘El Señor de los Anillos’, informándonos, por ejemplo, de que es soltero, que tiene 587 años o que no se le conoce "historia de abuso de sustancias", aparte del tabaco de pipa que pudo fumar en su adolescencia cuando era un hobbit ‘relativamente’ normal.